Lucía de Juan García nº de colegiada: M-23642 - C/ Olímpico Francisco Fernández Ochoa, 7 Alcorcón (Madrid)

TRAUMA COLECTIVO Y RESILIENCIA

Un trauma psicológico es cualquier evento que vivimos o presenciamos, bien porque somos testigos o bien porque nos cuenta alguien cercano, en el que se da una amenaza real o potencial de muerte, daño o amenaza a la integridad física. A nosotros mismos u a otra persona.

Partiendo de esto, me atrevería a decir que la situación actual que estamos viviendo de pandemia y crisis sanitaria y social bien podría definirse como una situación de trauma colectivo, con todo lo que de ello se conlleva.

Por ejemplo, estar expuestos a una situación de trauma es una condición para desarrollar un Trastorno  de Estrés Post Traumático (TEPT), cuyos síntomas serían recuerdos intrusivos y recurrentes del evento traumático, flashbacks, hiperactivación fisiológica, disociación, evitación de estímulos asociados al trauma…

Ahora bien, estar expuestos a un evento de este tipo no es suficiente para desarrollar un TEPT.

Va a depender de varios factores. No es lo mismo una situación única, que eventos traumáticos continuados en el tiempo. También va a depender de la naturaleza de ese hecho traumático en sí. Pero centrándonos en las características personales, se ha visto que no todas las personas reaccionamos de la misma forma a los sucesos traumáticos, a pesar de que en algún momento de nuestra vida probablemente  todas vamos a sufrir un hecho de estas características.

Se llaman factores de protección a aquellos elementos que nos ayudan a prevenir que una situación traumática no se convierta en estrés post traumático. ¿Y de qué depende entonces?

En los soldados de la Segunda Guerra Mundial se vio que no todos respondían de la misma forma a la situación traumática. Los factores de protección que hacían que los soldados no tuvieran efectos derivados del trauma eran su manera de vincularse con sus compañeros, su capacidad de cooperar y sus valores morales.

La importancia de los vínculos también se vio en el mayor estudio longitudinal donde preguntaban a las personas tras 30 años de vida qué les había ayudado a ser felices y a reponerse ante las adversidades sufridas, a lo que contestaban que los vínculos seguros que habían establecido.

 

¿Os suena el concepto de resiliencia? Es la capacidad de sobreponerse y aprender de las situaciones adversas de la vida así como de los eventos traumáticos.

La resiliencia implica resistir “el golpe” del trauma, recuperarse como manera de reencontrar el equilibrio, y salir transformado de la experiencia, con  más adaptación y aprendizaje si cabe.

Y en la base de la resiliencia están los vínculos humanos. Quiero decir, que son más resilientes aquellas personas que se sienten amadas incondicionalmente, que se sienten merecedoras de ese amor, que saben que hay otras personas que son capaces de sostenerles emocionalmente.

 

Si hay algo que nos va a “salvar” de esta situación que estamos viviendo son los vínculos que hemos establecido. Es el sabernos bien-queridos. Esos vínculos seguros. De nuestos padres, madres, parejas, herman@s, amig@s...

 Es el mayor factor de protección que tenemos frente al trauma. Así que, nos vamos a salvar juntos y juntas. Sosteniéndonos l@s un@s a l@s otr@s.

Pero no solo a nivel individual, con nuestra propia capacidad propia frente al estrés, sino de una manera colectiva. Con la capacidad social para sobreponerse y aprender frente a la adversidad. Con resiliencia comunitaria.

La resiliencia comunitaria (E. Néstor Suárez Ojeda, 2001) es una concepción latinoamericana que surge a partir de observar que cada desastre o calamidad que sufre una comunidad, donde hay dolor y pérdida de vidas y recursos, trae también consigo muchas veces un efecto movilizador de las capacidades solidarias que permiten reparar los daños y seguir adelante. Las primeras reacciones de las personas antes situaciones percibidas como peligrosas para su comunidad no son negativas necesariamente, sino que se suele dar cooperación, apoyo mutuo, solidaridad…

Pero una sociedad resiliente es una meta. Algo hacia lo que seguir caminando, una manera de seguir construyéndonos. Sabiendo que cada un@ formamos parte de un TODO.

 

Lucía De Juan